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Navidad: En búsqueda de un sentido
Published: Dec.13.2007 @ 9:57 am | Print | Email | Comment
Last Edited: Dec.13.2007 @ 5:51 pm

Navidad: En búsqueda de un sentido

Fernando Osorio Zumarán

Un estudiante y amigo mío que vive en Varsovia, me contaba que un compañero de clase de su hijo creía que la Navidad era la fecha en que se celebraba el nacimiento de Papá Noel. Pero esta confusión no es exclusiva de los niños, sino que—de otra manera—también afecta a los adultos. Esta pérdida de perspectiva en cuanto al significado de la Navidad es una marca que caracteriza a la sociedad entera en nuestros días.

Aquel niño ha concluido que en Navidad nació Santa Claus porque este personaje está asociado a la llegada,  recibimiento, e intercambio de regalos. Este hecho llena el panorama del mundo infantil, de la familia, y de la colectividad. Entonces, lógicamente, un niño llega a deducir que la celebración tiene que ver en gran medida con el gordo regalón vestido de rojo. Algo que subyace en la aserción de ese niño es la completa omisión de la figura de Cristo en este contexto. En otras palabras: la Navidad se refiere a regalos y a Papá Noel, ergo no tiene nada que ver con otra cosa, no tiene nada que ver con Jesús.

Los regalos

En la actualidad, los regalos constituyen uno de los símbolos centrales de la Navidad, mas no Cristo. Ellos son el centro de la festividad. Son la meta de nuestros afanes durante casi toda la temporada. Corremos tras de ellos de tienda en tienda, hacemos largas colas para comprarlos, gastamos considerable cantidad de dinero y tiempo, y nos endeudamos a veces más de lo aconsejable. Nuestra vida gira en torno a los regalos durante un mes entero.

Los defensores de esta enajenación dirán que el regalo simboliza el amor que sentimos por nuestros seres queridos y que al dárselos le estamos expresando nuestro amor. Pero yo creo que hemos perdido la real perspectiva del asunto. En Navidad nació Jesús, y ese debiera ser el asunto central de la fiesta. ¿Por qué necesitamos llenar de regalos a la gente en esa fecha para expresar lo mucho que la amamos? En Navidad no nacieron los miembros de la familia,¿por qué hacerle regalos a ellos entonces?, ¿por qué no se los hacemos a Cristo, en último caso?

Está de moda escuchar en tiempos recientes sobre el estrés que producen estas fiestas. Es que la Navidad genera una vorágine casi incontrolable de consumismo. Creemos que la mejor manera de expresar amor es a través de regalos—cuanto más caros, mayor el cariño. Curiosamente, muchas veces no es suficiente con uno, sino que es necesario más. Parece funcionar la lógica de "a mayor cantidad de presentes, más grande es mi amor". Por supuesto que esto termina por generar ansiedad, pues es difícil saber cuánto es suficiente y cuándo debemos parar. Si tan sólo le hiciéramos un presente a las personas que más queremos, ¿no sería suficiente, y evitaríamos así el estrés de esta temporada? Pero no, nos pasamos gran parte del mes de diciembre haciendo las benditas compras navideñas—algunos previsores empiezan en noviembre y otros aún antes. Me pregunto si esta época de alienación no es otra cosa más que un pretexto para comprar más y saciar nuestros apetitos consumistas. Creemos que al reunirnos en familia y al hacerles regalos a nuestros seres queridos minimizamos nuestras faltas, creemos que así expresamos y ponemos en práctica el mensaje de Cristo.

Los grandes beneficiados

Creo adivinar que los más agradecidos por el nacimiento de Jesús son los comerciantes. Ellos son, inobjetablemente, los que más se han beneficiados del misterio de "Dios hecho hombre". En Navidad, llegan a vender tanto como lo que venden el resto del año. He oído decir que muchas empresas y corporaciones serían inmensamente ricas con sólo el lucro obtenido durante el mes de diciembre. Sus ganancias son pingües. Imagino que ellos deben ser los más cristianos, los más devotos, y los más arduos defensores de los dogmas de su credo.

Si Cristo viera toda la fanfarria que su nacimiento ha generado. Si nos encontrara llenos de bolsas en las tiendas y centros comerciales invocando su nombre, estoy seguro que nos echaría a latigazos, tal como expulsó a los mercaderes que habían convertido el templo en un mercado.

Quién se acuerda de Jesús

¿Quién se acuerda de Jesús en Navidad?, ¿quién en la cena del 24 o en almuerzo del 25, recita alguna de sus parábolas?, ¿quién menciona que fue escupido, crucificado y muerto por perdonar a la adúltera y a otros pecadores?, ¿quién recuerda que fue él quien se rebeló contra la ley del "ojo por ojo, diente por diente" y preconizó en su reemplazo: "Si te dan una bofetada, pon la otra mejilla"?

Quisiéramos una fiesta centrada en el mensaje de amor que este palestino nos trajo hace más de dos mil años. No una hipócrita fachada en la que le deseamos paz, amor y prosperidad a todo el mundo, pero apoyamos las guerras, justificamos la discriminación racial y el desprecio por el inmigrante. Quisiéramos una fiesta que resalte el mensaje cristiano de solidaridad y compasión con los más débiles y necesitados. No queremos una fingida declaración de buenas intenciones, mientras en los hechos les negamos aumento de salario a los mineros y a los maestros, y sonreímos despectivamente cuando las empleadas domésticas reclaman 8 horas de trabajo, vacaciones y seguro de salud. Queremos que haya congruencia entre el mensaje de amor y paz que creemos haber asumido y nuestra práctica diaria a nivel personal, familiar, comunal, y global.

Nuestra sociedad lo ha separado todo. Los domingos nos acordamos de Dios, llenamos las iglesias, damos nuestro óbolo y rezamos, pero el lunes y el resto de la semana continuamos odiando y discriminando. En diciembre nos llenamos de buenos deseos de amor y paz para con nuestros semejantes, pero en enero y el resto del año seguimos apoyando los bombardeos y las matanzas de quienes se oponen a nuestras invasiones y ocupaciones.

En realidad sucede que estamos separando, por un lado, el mensaje de Jesús, y por otro, nuestra práctica cotidiana. Más nos interesa hacer las compras de Navidad que involucrarnos en una acción concreta que tenga alguna incidencia en el cambio para mejor, ya sea de nuestra situación personal, familiar o social. El torrente de compras en que caemos presos en esta época es una manera más de mantener nuestra mente ocupada, distraída, alejada de los asuntos esenciales de la existencia y de nuestra sociedad. Creemos que es suficiente ser compasivo con los miembros de nuestra familia, pero no con los que son diferentes a nosotros. Creemos que es suficiente con mandar tarjetas de Navidad a los familiares y amigos, pero es aceptable ignorar las necesidades de los inmigrantes y de los pobres, así como despreciar las vidas de los que viven a miles de kilómetros de nuestra sala y profesan doctrinas distintas a las nuestras. Reconstituyamos lo que ha sido separado. Hagamos que los depositarios de nuestras buenas intenciones—tanto en deseos como en hechos—sean todos los miembros de nuestra familia, comunidad, y del planeta, sin reparar en su raza, estatus legal, clase social, nivel educativo y creencias. Pongamos en práctica algo que dijo aquel hombre cuyo nacimiento conmemoramos en estas fechas: "ama a tus enemigos, si eres amable solamente con tus amigos, ¿cuál es el mérito?" El problema, como decía la Madre Teresa de Calcuta, es que nuestro concepto de familia es muy limitado. En realidad nuestra familia es la especie humana. Hagamos objeto de nuestro amor a todos los seres humanos sin excepción.

El mejor regalo

Hace poco leí en la sección infantil del Washington Post un artículo sobre lo que podemos hacer en esta época del año. Está dirigido a los niños, pero me parece también apropiado para los adultos, pues somos nosotros quienes enseñamos a los pequeños con nuestros actos.

Los mejores regalos que uno puede hacer son de dos tipos, primero: ofrecer nuestro talento, tiempo y presencia; y, segundo, compartir nuestras destrezas y conocimientos.

Algunos ejemplos van a continuación. Del primer tipo: si tocas algún instrumento musical, prepara un pequeño concierto para la fiesta de Navidad en tu centro de trabajo. Si destacas en la  fotografía, regálale una de tus originales a alguien que aprecies, o toma algunas especiales para la ocasión y obséquialas. Del segundo tipo: El tiempo y nuestra presencia son recursos altamente valorados; por consiguiente puedes hacer algún tipo de trabajo voluntario en alguna entidad de servicio a la comunidad, ya sea por ejemplo un centro de ayuda a los trabajadores indocumentados, u otro que asista a los desamparados en servirles la cena. Si eres bueno con las computadoras o el Internet, ayúdale a alguien—especialmente a los mayores—en desarrollar sus destrezas en estos campos. Si sobresales en algún deporte, ofrécele tus servicios como entrenador o preparador físico al equipo infantil del barrio.

Hay infinitas maneras de regalar algo de nosotros como muestra de nuestro cariño. No es necesario aglomerarse en los centros comerciales y gastar nuestros centavos duramente ganados.

Las 4 velas

Las cuatro velas

Una actividad interesante y significativa para realizar en Navidad es la que voy a proponer aquí. La aprendí en un evento religioso al que asistí con mi familia la noche del 24 hace algunos años. Se trata de una ceremonia que puede ser realizada en el hogar durante la Nochebuena. Es muy simple, pero plena de significado. En un recinto apropiado de la casa, se prepara una especie de altar. Al centro del cual vamos a colocar cuatro velas, cada una va asociada a un tema: la esperanza, la alegría, la paz, y el amor. Cada miembro de la familia escoge una vela, la enciende, la pone al centro del altar, y dice algunas palabras alusivas al tema que le tocó y lo que significa para él este concepto. No se trata de hacer un discurso, sino de compartir una sincera y sentida reflexión. 

En búsqueda de un sentido

Para concluir, ¿cuál es la propuesta a todo esto? La vuelta a las fuentes y la simpleza. Tener presente que en Navidad se celebra el nacimiento de aquel hombre que hizo del amor y perdón su doctrina y su práctica. Ese hombre que hizo lo que predicó, que inclusive perdonó a quienes lo torturaron y mataron como al peor de los delincuentes.

Mi invocación es que nos dejemos de hipocresías, que hagamos congruentes nuestros deseos de paz, amor y prosperidad con nuestras acciones, que nuestras buenas intenciones no se circunscriban a nuestro estrecho círculo social y familiar y realmente se extiendan de una manera efectiva al resto la comunidad y al resto del mundo. Mi pedido apunta a que seamos compasivos y nos solidaricemos con los desposeídos e indocumentados, con los que sufren persecución y tienen hambre y sed de justicia, con las minorías, con los que son diferentes a nosotros. Mi llamado es a que tratemos de que los buenos deseos que expresamos en las tarjetas de Navidad no se queden plasmados en el papel, y que hagamos el esfuerzo necesario para que se materialicen en acciones concretas a favor de la paz, el amor, y la prosperidad durante todo el año.

Dar de uno mismo es el mejor regalo, ofrecer nuestro tiempo, nuestra presencia, y compartir nuestros conocimientos y habilidades entre los miembros de la familia o la comunidad, es más valioso que el más caro de los regalos. Evitemos caer en el torrente de consumismo que devora a la sociedad entera en esta época del año. Mantengamos nuestro centro, preguntémonos cuál es sentido último de la Navidad. No caigamos en la trampa del "compre y lleve". Recordemos que en Navidad no nació Papá Noel, sino el que predicó amor y fue asesinado por eso.

¡Feliz Navidad!

Diciembre 2007

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Comments:
posted by Anonymous. on Dec.14.2007 @ 11:55 am
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Very insightful.  Merry Christmas to you too!


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